La otra esencia de la Navidad: una pausa necesaria para el corazón
Entre luces, prisas y ruido, una invitación a detenernos y mirar hacia dentro.
El mes de diciembre y aún desde semanas antes llega acompañado de luces, decoraciones navideñas, anuncios y publicidad que nos empujan al consumo, a los regalos, a los gastos. Se acelera el ritmo con reuniones, posadas, brindis y compromisos sociales. Todo parece moverse tan rápido que, muchas veces, no queda espacio para la pausa, para detenernos y contemplar la otra esencia de la Navidad.
Desde una perspectiva cristiana, las semanas previas a la Navidad son un tiempo de preparación interior. Es el camino que nos conduce al nacimiento del Niño Jesús, y esa preparación no es exterior, sino del corazón. Implica cultivar un corazón más amoroso, más paciente, capaz de perdonar, dispuesto a levantarse una y otra vez después de cada caída.
En medio del ruido y las prisas, puede resultar difícil encontrar tiempo para la oración, para el silencio, para ese recogimiento de vida interior que nos ayuda a no perdernos únicamente en la emoción de las compras y las reuniones. Y no se trata de descalificarlas: son momentos positivos, que unen, que generan alegría y convivencia. Pero no lo son todo.
Hay gestos que no aparecen en la publicidad navideña y, sin embargo, tienen un impacto profundo:
perdonar a quien hemos postergado perdonar;
acercarnos con calidez a quien sabemos que vive en soledad;
estar atentos, como cónyuges, a esos pequeños detalles que hacen sentir amado al otro;
regalar a los hijos algo más valioso que cualquier obsequio: presencia plena, tiempo verdadero.
Incluso algo tan sencillo y tan difícil a veces como sonreír. Sonreír cuando llegas cansado, cuando no tienes ganas, cuando la persona de al lado no es precisamente la que más te agrada. Todos, sin excepción, necesitamos ver rostros alegres a nuestro alrededor.
Diciembre es el último mes del año, un tiempo donde la alegría y el acelere, las compras y las reuniones, la cena de Navidad y hasta el recalentado, todo suma. Pero más allá de lo exterior, la Navidad se construye desde dentro.
Y en este tiempo de pausa y balance, también vale la pena preguntarnos si estamos cuidando aquello que sostiene nuestra vida y la de quienes amamos.



